Agresión

¿Qué hago si mi hijo tiene una conducta agresiva en el jardín infantil?

Tiempo de lectura: 4 minutos

Es posiblemente una de las mayores preocupaciones de los padres de familia de los niños en edad preescolar es el hecho de que sus hijos sean lastimados o estén expuestos a algún peligro, sobre todo el tiempo que permanecen lejos de ellos. Por lo tanto, uno de los factores más importantes en el momento de elegir el jardín infantil de su bebé es que les transmita seguridad y confianza. De hecho, ningún padre de familia quisiera que su hijo regresara a casa con marcas de agresión del jardín de infancia, aun cuando quien le agreda sea un niño igual o incluso más pequeño que él.

 

La situación se hace más compleja cuando quien hizo la agresión es tu pequeño. Se pueden desencadenar sentimientos de frustración y ansiedad al no saber cómo corregir esta conducta de la manera más adecuada.

 

5 consejos para corregir la conducta agresiva de tu hijo

 

1. Identificar las causas. Debes pedirle a la maestra de tu hijo que te ayude a identificar los momentos en los que se presenta la agresión. Puede ser siempre que quiere un juguete que tiene otro niño o cuando está cansado o con sueño. En ocasiones los niños solo refuerzan conductas aprendidas.


Ejemplo: Papá está observando la televisión y Antonia, su hija de 3 años, quiere ver su dibujo animado favorito. Papá le dice a Antonia que aún no ha terminado el programa que él está viendo, pero ella empieza a lloriquear y a patalear. Por lo tanto, después de no lograr calmarla, papá accede al pedido de su pequeña y ella se calma de una vez. 
Ahora Antonia ha aprendido una nueva forma de controlar su entorno. Sabe que puede gritar y patalear cuando quiera conseguir algo, es decir, se ha reforzado la conducta agresiva de Antonia. Esto garantiza que se repetirá en un futuro. Así que antes de identificar las causas de su conducta, es recomendable analizar tu propia conducta frente a los momentos de mayor presión.

 

2. Autocontrol. No podemos enseñar a los niños a no gritar mientras les gritamos. Los niños son imitadores innatos y es necesario que cuando se le llame la atención por algún tipo de comportamiento inadecuado, se use un tono de voz firme en lugar de gritar. Solo recuerda que el niño no resolverá sus problemas como le digas que debe hacerlo, sino como te vea que tú lo haces.

 

Ejemplo: Están en la fila del supermercado y Martín, de 2 años y medio, le pide a mamá que le compre una golosina, a lo que ella responde que no y le explica la razón. Martín inicia una gran pataleta y, en pocos minutos, todas las personas del supermercado escuchan los gritos del niño. Mientras tanto mamá, con voz firme y suave, le dice: sé que estás enojado, pero no voy a cambiar de opinión. Tratando de ignorar su conducta, al terminar su compra lo toma de la mano o le carga, mientras le repite la razón de su decisión. La tranquilidad de mamá le enseñó hoy a Martín que ese tipo de actitudes no modificarán sus decisiones y así pronto logrará que las pataletas desaparezcan. Además, mejorarán sus habilidades sociales en el jardín, como la tolerancia y el manejo de la frustración.

 

3. Tiempo fuera. En acuerdo con la maestra, planeen una estrategia que genere una consecuencia cada vez que se presente cualquier tipo de agresión hacia sus compañeros. Te sugerimos llevarle unos minutos fuera del lugar donde se presente la agresión, un minuto por cada año de edad del niño, y recordarle que a los amigos se les debe tratar con cariño.

 

Ejemplo: Los niños están en el patio de juegos jugando con bloques lógicos. David, de 2 años, que anteriormente ha mostrado ciertas conductas agresivas, golpea a su compañero de clase con uno de los bloques. Su maestra lo levanta y lo lleva a otro lugar por dos minutos y le recuerda que a los niños debemos tratarlos con cariño, mostrándole cómo hacerlo: acariciándole, dándole un beso en la frente, etc. Además, le advierte que cada vez que ella note que va a golpear a uno de sus compañeros, le llevará fuera y no podrá seguir jugando junto a ellos por un tiempo.

 

4. Refuerza las respuestas alternativas. Ayuda a tu hijo a identificar sus emociones diciéndole frases como: “sé que estás triste por ese juguete”, “estás enojado por no recibir esto o aquello”, “entiendo que estés cansado…”, etc.

 

Si le enseñas a identificar sus emociones, te será más fácil darle nuevas herramientas para gestionarlas, por ejemplo: “si estás enojado, respira muy fuerte hasta que el enojo se vaya”, “cuando estés triste, buscas a la maestra y le das un abrazo”, etc. Y nunca olvides reconocerle cuando realice alguna de las respuestas alternativas.


5. Un cuento cada noche. Establecer rutinas es muy importante para brindar al niño una sensación clara de seguridad, al mostrarle el mundo como un lugar predecible. Enseñar sobre la gestión de las emociones a través de la lectura de cuentos resulta ser una de las maneras más simples para que el niño desarrolle habilidades sociales, como colocarse en el lugar del otro o las consecuencias de nuestras acciones en quienes nos rodean.

 

A medida que el niño crece, aprende y logra razonar el mensaje que queremos transmitirle para que no muerda o golpee. Debemos estar atentos a su conducta frente a otros niños para prevenir al máximo situaciones conflictivas donde alguno salga lastimado.

 

Los niños que muestran conductas agresivas son, por lo general, muy activos. Blappsis es una excelente opción para canalizar toda su energía mientras potenciamos su cerebro, generando una sencilla rutina que, además de optimizar su capacidad de procesar información, aumenta su coeficiente intelectual hasta en un 36%, a través de la exposición simultánea a los idiomas, convirtiéndose en el complemento perfecto para reforzar las respuestas alternativas.

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