Crianza consciente: educa a tu hijo evitando los gritos

Esta es la historia de Ana…

Ana tiene 3 años y medio, y  papá le lleva de la mano de regreso a casa. Por el camino, Ana ve un camión de helados y decide que quiere un helado ahora. Papá le dice que no tiene dinero y que no podrá comprárselo en ese momento, pero que después le invitará. Ana empieza a llorar y poco a poco su llanto empieza a escucharse por todo el vecindario. Papá trata de calmarla, pero también pierde el control de sus emociones y le grita muy fuerte, pidiéndole que se calme. En pocos segundos, la niña, atemorizada, queda en silencio y, al parecer, la situación fue “controlada”.

¿Has perdido el control de tus emociones?

¿Alguna vez te ha pasado? Sentir que has perdido el control de tus emociones tratando de controlar las emociones de tu hijo y, aunque seguramente no deseas lastimarle, olvidas en pocos segundos que eres el adulto a cargo y no deberías unirte a la pataleta.

¿Qué ocurre en el cerebro del niño cuando le gritan?

Los niños almacenan información todo el tiempo, excepto cuando les gritan, ya que su cerebro activa un sistema de defensa frente al miedo y la ansiedad que los gritos le producen. Estas emociones bloquean cualquier proceso de aprendizaje, ya que cree que cualquier información que venga luego del grito, le dañará.

Además, su mente empezará a almacenar experiencias negativas y diversas sobre las conductas que debe permitir o efectuar en las relaciones personales que establezca en su vida adulta.


5 estrategias para que evites gritar a tu hijo

1. Acércate. Gritamos cuando estamos muy lejos de alguien y así logramos que nos escuchen. En ocasiones debes llamar a tu hijo más de una vez para que se acerque a la mesa a cenar o venga a recoger sus juguetes. Te sugerimos acercarte siempre, ir hasta donde él está y decirle en un tono de voz firme lo que debe hacer, haciendo que te acompañe. De esta manera tu hijo no se acostumbrará a esperar a que le grites para obedecer.

2. Comparte calma. Los niños pequeños suelen manifestar emociones extremas. Apenas están aprendiendo a lidiar con la frustración y la paciencia. Además, aún no tienen la capacidad de expresar claramente sus estados de ánimo. Por lo tanto, en el momento de una rabieta te sugerimos compartirle tu calma en lugar de unirte a su caos. Baja a su altura, realiza contacto visual y usa un tono de voz suave mientras le das nombre a la emoción que identificas: “Sé que estás enojado”, “Sé que estás cansado” o “Sé que estás triste”.

Debes respirar profundo y no tomar su actitud como algo contra ti. Solo está creciendo y necesita tiempo para gestionar sus emociones. Recuerda que tu ejemplo es su mayor herramienta de aprendizaje.

3. Ponte en sus zapatos. Imagina por un momento que eres un niño de la edad de tu hijo. Piensa en cuáles serían las cosas más importantes para ti. Tu mayor preocupación de la mañana puede ser que mamá te sirva la leche en tu vaso favorito. Aunque necesitas límites para sentirte seguro y desarrollar habilidades sociales, la dulzura de quienes te rodean te permitirá guardar los mejores recuerdos de tu infancia. No es nada divertido que alguien te grite enojado. No lo es cuando eres adulto, así que puedes comprender lo que siente tu hijo cuando le gritas.

Los niños crecen rápido y antes de que lo pienses dejarás de ser su única influencia. Por lo tanto, disfruta su infancia mientras puedes brindarle las herramientas para que sea una adulto emocionalmente estable, feliz y seguro de sí mismo.

4. Piensa en su futuro. Amas a tu hijo y es precisamente el amor el combustible necesario para mover el mundo. Ahora piensa en todas las cosas que haces para demostrarle a tu hijo que le amas. Eres la persona más importante de su mundo y tu ejemplo determinará la calidad de las relaciones emocionales que pueda entablar a lo largo de su vida. Cuando le gritas porque estás enojado o porque es tu manera de controlar su comportamiento, le enseñas que es válido faltarle al respeto a quienes amamos. También le muestras que es una manera de comunicación aceptable, tanto para quienes lo hacen con él, como para que él lo haga con quienes conforman su entorno. Enséñale que todos nos enojamos en algún momento y es necesario para no guardar emociones negativas, pero que estar enojados no nos autoriza a lastimar a quienes nos rodean.

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5. Observa su mundo con ojos de niño. ¿Recuerdas la historia de Ana, al inicio de este artículo? Pues queremos contarte que el papá de Ana pudo evitar que su hija perdiera el control de sus emociones y de paso las suyas propias, solamente con observar la circunstancia a través de los ojos de su pequeña. Lee atentamente el siguiente desenlace:

Ana tiene 3 años y va junto a papá de regreso a casa. Por el camino, Ana ve un camión de helados y decide que quiere un helado ahora. Papá le dice que no tiene dinero y que no podrá comprárselo en ese momento, pero que después le invitará. En el momento en el que la niña va a empezar a llorar, papá tiene una gran idea. Le dice que él también quiere un helado y le pregunta a ella si podría invitarle. En una muestra de total inocencia, Ana revisa sus bolsillos y le comunica a papá que ella tampoco tiene dinero. Ahora cuando papá le dice que está triste, ella lo abraza y le dice que luego le invitará. De esta manera, hoy papá le dio una herramienta para manejar la frustración a su pequeña y lo que podría haber sido una rabieta incontrolable, solo se convirtió en una dulce anécdota para recordar.

Si lo piensas detenidamente, entenderás que gritar a tu hijo nunca es necesario y, aunque a veces no es sencillo evitarlo, trabajar en tus propias emociones es una de las mejores herencias que puedes dejar a tu hijo.

Aunque los gritos suelen ser una excelente opción para liberar el estrés o  expresar alegría, no deberían ser una alternativa en cuanto a métodos de crianza, si el plan es educar adultos estables y felices.

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¡Gracias por leernos!

¡Feliz crianza!



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