Dormir solo

¿A qué edad debería mi hijo dormir solo?

Como todo lo demás, a dormir solo también debe aprenderse. Aunque hay diferentes posturas sobre la importancia del colecho, sus beneficios o sus desventajas, es una realidad que entre más tarde se inicie el proceso de enseñarle al niño a dormir solo, más complicado será para él aceptarlo.

 

Algunos especialistas afirman que el niño puede dormir solo en su cama desde el nacimiento, aunque compartiendo la habitación de los padres por sus cortas rutinas de sueño y su necesidad frecuente de alimentación. A partir de los 4 meses de edad podría dormir en su habitación, teniendo en cuenta que, por lo general, en este momento sus rutinas de sueño empiezan a establecerse.

 

Pero, ¿qué pasa si transcurren dos o tres años desde el nacimiento y el niño aún prefiere dormir en la cama de los padres? Por lo regular los malos hábitos de sueño en el niño se generan más por los temores de los padres que los de los mismos niños. En algunos casos el sentimiento de culpa de no pasar el tiempo suficiente a su lado, hace que papá o mamá les permitan dormir junto a ellos como recompensa. Sin embargo, desarrollar su individualidad, autonomía e independencia es fundamental para el desarrollo de su carácter y la seguridad en sí mismo. Por lo tanto, dormir con los padres a partir de los 3 años puede afectar a su desarrollo personal y a algunas nociones sobre su privacidad.

 

5 recomendaciones para enseñarle a dormir en su cuarto

 

1. Rituales tranquilos. Establece rutinas sencillas y síguelas cada noche paso a paso. Se sugiere iniciarlas una hora antes de la hora de dormir. Es importante que el niño duerma siempre en un mismo lugar. Estas rutinas podrían ser: la hora de la cena, aseo (lavado de dientes, manos, etc.), luego el pijama y un cuento cada noche. Permítele dormir con su osito o mantita favorita si la tiene y luego acuéstalo en su cama con las luces apagadas. Es muy importante que lo acuestes cuando aún está despierto. De esta manera aprenderá a dormirse solo.

 

2. Llevarlo de vuelta. Cada vez que se despierte en la noche debes llevarlo de vuelta a su cama, sin hablar ni discutir las veces que sea necesario. Los niños asumen mejor los cambios cuando se establece una rutina que les ayuda a comprender el mundo como un lugar predecible.

 

3. Disponibilidad Emocional. Algunas noches parecerán más largas que otras. Pueden aparecer algunos temores nocturnos o sentimientos de ansiedad por la separación. Hay que tener en cuenta que es algo nuevo para él y que de alguna manera rompe la estructura de cómo ha percibido su mundo hasta ahora. Así que te sugerimos quedarte a su lado hasta que se calme y luego marcharte. No debes sacarlo de su cama ni encender la luz, aunque podrás usar una lámpara de luz tenue si la oscuridad le genera ansiedad.

 

4. Cuándo hablar y qué decir. Si tu hijo se despierta en la noche y te llama o va a tu cama, llévalo nuevamente si decir nada, acuéstalo, arrópale y dale un beso. Si llora, puedes entrar al cuarto, decirle que estás cerca, pero que debe dormir solo en su cama como lo hacen todas las personas. Explícale que va a estar bien y que tú siempre le cuidarás. Sal de su cuarto en cuanto se haya calmado. Si llora nuevamente, espera un rato y vuelve a entrar y repite la rutina. De esta manera, se disminuye en el niño la sensación de abandono y llegará el punto donde se cansará y se quedará dormido.

 

5. Paciencia y constancia. Aun cuando en los primeros días no veas resultados, no debes desistir. Posiblemente estés cansado y algunas noches solo quieras permitirle dormir en tu cama nuevamente y volver a descansar. Sin embargo, ten en cuenta que esto solo alargará el proceso y perderás los avances que hayas logrado, aunque al inicio no parezcan muchos. Así que ten paciencia y llénate de amor cada vez que debas levantarte. Recuerda el objetivo final, brindarle herramientas de autonomía y seguridad en sí mismo que le acompañarán el resto de su vida.

 

6. Actividades previas relajantes. Evita las actividades físicas muy intensas a partir de las seis de la tarde. Realiza actividades más tranquilas que relajen su cerebro y le tranquilicen.

 

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