Gritos

Educar evitando los gritos

Tiempo de lectura: 4 minutos

Ser padre de un niño en edad preescolar es una labor maravillosa que da origen a un sinfín de emociones extremas. Tienes la responsabilidad de guiar a tu bebé mientras apoyas la formación de su carácter y además estimulas su adecuado desarrollo. Todo esto sin contar tus propias emociones que, por momentos, resultan un tanto inestables en esta difícil tarea de la paternidad. Aunque los gritos suelen ser una excelente opción para liberar el estrés, no son una alternativa acertada en cuanto a métodos de crianza y aprendizaje.

 

¿Qué sienten los niños cuando les gritan?

 

Los niños son exploradores innatos y están almacenando conocimiento todo el tiempo, excepto cuando le gritan. Ante los gritos sienten miedo e inseguridad. Estas emociones bloquean cualquier proceso de aprendizaje porque el cerebro lo percibe como una amenaza y cree que cualquier información que viene a continuación le dañará. Por lo tanto, asociará dicha experiencia con sufrimiento y esto le impedirá avanzar en cualquier proceso de manera adecuada.

 

Ejemplo: Tomás, de 3 años y medio, está aprendiendo a identificar las vocales y se equivoca con frecuencia. Esto resulta natural de acuerdo a los procesos cognitivos que debe realizar su cerebro para este tipo de funciones. Si quién le está orientando en el proceso empieza a gritarle cada vez que se equivoca, el cerebro de Tomás activará la emoción del miedo. Al tratar de protegerlo, bloqueará el aprendizaje, asociándolo con un recuerdo negativo. Este recuerdo le ocasionará dificultades futuras en todos los procesos relacionados con la lectoescritura, entre otros.

 

¡Respira! Si lo piensas, gritar a tu hijo nunca es necesario

 

Lo más importante para eliminar los gritos en casa es identificar los momentos que te producen más estrés en las actividades que realizas con tu hijo. A continuación, te brindamos algunas estrategias que te ayudarán en esta tarea:

 

1. Acércate. Gritamos cuando estamos muy lejos de alguien y así logramos que nos escuchen. En ocasiones debes llamar a tu hijo más de una vez para que se acerque a la mesa a cenar o venga a recoger sus juguetes. Te sugerimos acercarte siempre, ir hasta donde él está y decirle en un tono de voz firme lo que debe hacer, haciendo que te acompañe. De esta manera tu hijo no se acostumbrará a esperar a que le grites para obedecer.

 

2. Comparte calma. Los niños en edad preescolar suelen experimentar emociones extremas. Apenas están aprendiendo a lidiar con la frustración y la paciencia. Además aún no tienen la capacidad de expresar claramente sus estados de ánimo. Por lo tanto, en el momento de una rabieta te sugerimos compartirle tu calma en lugar de unirte a su caos. Baja a su altura, realiza contacto visual y usa un tono de voz suave mientras le das nombre a la emoción que identificas: “sé que estás enojado”, “sé que estás cansado”, “sé que estás triste”. Debes respirar profundo y no tomar su actitud como algo contra ti. Solo está creciendo y necesita tiempo para gestionar sus emociones. Recuerda que tu ejemplo es su mayor herramienta de aprendizaje.

 

3. Ponte en sus zapatos. Imagina por un momento que eres un niño de la edad de tu hijo. Piensa en cuáles serían las cosas más importantes para ti. Cómo tu mayor preocupación de la mañana puede ser que mamá te sirva en tu vaso favorito. Aunque necesitas límites para sentirte seguro y desarrollar habilidades sociales, la dulzura de quienes te rodean te permitirá guardar los mejores recuerdos de tu infancia. Así, como ningún ser humano se siente cómodo cuando le gritan, a ti tampoco te gustará ver a uno de tus padres perdiendo el control por tu responsabilidad. Los niños crecen rápido y antes de que lo pienses dejarás de ser su única influencia. Por lo tanto, disfruta su infancia mientras puedes brindarle las herramientas para que sea una adulto emocionalmente estable, feliz y seguro de sí mismo.

 

4. Involúcralo en la solución. Inventa historias divertidas para que tu hijo pueda entender de manera sencilla cada situación. Pon atención al siguiente ejemplo: Ana tiene 3 años y va junto a papá de regreso a casa. Por el camino, Ana ve un camión de helados y dice que quiere un helado ahora. Papá le dice que no tiene dinero y que no podrá comprárselo en ese momento, pero que después le invitará. En el momento en el que la niña va a empezar a llorar, papá tiene una gran idea. Le dice que él también quiere un helado y le pregunta a ella si podría invitarle. En una muestra de total inocencia, Ana revisa sus bolsillos y le comunica a papá que ella tampoco tiene dinero. Ahora cuando papá le dice que está triste, ella lo abraza y le dice que luego le invitará. De esta manera, hoy papá le dio una herramienta para manejar la frustración a su pequeña y lo que podría haber sido una rabieta incontrolable, solo se convirtió en una dulce anécdota para recordar.

 

5. Piensa en su futuro. Amas a tu hijo y es precisamente el amor el combustible necesario para mover el mundo. Ahora piensa en todas las cosas que haces para demostrarle a tu hijo que le amas. Eres la persona más importante de su mundo y tu ejemplo determinará la calidad de las relaciones emocionales que pueda entablar a lo largo de su vida. Cuando le gritas porque estás enojado o porque es tu manera de controlar su comportamiento, le enseñas que es válido faltarle al respeto a quienes amamos. También le muestras que es una manera de comunicación aceptable, tanto para quienes lo hacen con él, como para que él lo haga con quienes conforman su entorno. Enséñale que todos nos enojamos en algún momento y es necesario para no guardar emociones negativas, pero que estar enojados no nos autoriza a lastimar a quienes nos rodean.

 

6. Disfruten al máximo el tiempo que pasen juntos. Establece un tiempo solo para los dos, eliminando las distracciones del espacio. Blappsis es una excelente herramienta que te permite potenciar el futuro de tu hijo mientras comparten tiempo de calidad. Su metodología científicamente comprobada, siembra en el cerebro de tu hijo la fonética exacta de seis idiomas, incluida su lengua materna. Gracias a esto, aumenta su coeficiente intelectual y sus habilidades para procesar información mientras interactúas positivamente con tu pequeño.

 

 



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